Parte 2
El Camino Largo es el Camino Corto
Para el místico, Giezi es el arquetipo del ‘espíritu imperfecto’: aquel que no busca a Dios, sino que busca las cosas de Dios para un tipo de deleite, una garantía de seguridad o como una forma de saciar los impulsos del ego.
Es el servidor que solo avanza cuando hay ‘dulzura’, pero que huye del cambio interior y del sacrificio silencioso que requiere la verdadera fundación sobre la roca.
Aquí es donde cometemos el error fatal.
Intentamos tomar ‘el camino corto’. Ese atajo donde queremos la bendición sin el desierto, la unción sin la espera, y el fruto sin la poda.
Pero en el Reino de Dios, hay reglas que funcionan muy distinto.
En el Reino de Dios: el camino que parece más corto suele ser el más largo y tortuoso.
Piensa en esto por sólo un momento…
¿Sabías que el viaje de Egipto a Canaán solo debía durar 11 días?
Pero digamos, que con la parada de Moisés a recoger las tablas de los mandamientos, el anuncio al pueblo, un poco de debate y formación, 3 meses hubiera sido un tiempo más que razonable.
A los israelitas les tomó solo unos días salir de Egipto, pero les tomó cuarenta años sacar a Egipto de su corazón.
¿Por qué?
Porque se negaron a soltar las ‘golosinas’ de su antigua mentalidad. Cada vez que el camino se ponía difícil, buscaban un atajo de regreso a la comodidad, y ese atajo los condenó a dar vueltas en círculos sobre la misma arena.
A simple vista, alguno podría decir que Dios fue un Dios injusto, que quiso castigar la rebeldía de un pueblo que era terco, y que 40 años fue una exageración.
Pero lo que queda implícito en esta parte de la historia del pueblo de Israel es, que Dios no los retuvo en el desierto por capricho, sino porque con la mentalidad que tenían nunca podrían conquistar la tierra prometida, por lo que nunca gozarían de sus dones.
Israel necesitaba una forma de pensar diferente, un nuevo corazón y una confianza renovada.
Pero veamos esto más de cerca…
Al principio, el servidor se llena de entusiasmo que raya en el éxtasis. Crece a partir de experiencias que Dios nos permite vivir para que entendamos y nos convenzamos de que Él es un Dios real y poderoso… el Único.
Para Israel esto fue la hazaña de atravesar el Mar Rojo… ver paredes de agua formarse a derecha e izquierda, y luego ver sus enemigos arruinados en su soberbia, es algo que cualquier creyente quisiera vivir.
Luego, San Juan de la Cruz nos dice, que al servidor se le retiran las ‘golosinas espirituales’ para que reciban el verdadero alimento… el que los fortalece y los hace crecer en Gracia y autoridad espiritual.
Este es el desierto. Donde el Señor le instruyó a Israel sobre sus ley, mandatos y decretos, los cuales, tristemente, fueron rechazados (por la mayoría).
El servidor es llamado a experimentar este cambio de ‘chip’.
Acostumbrado a construir su fe en emociones, entra en pánico cuando no “siente” nada.
Ejercitar la fe en base a la emoción o el éxtasis que un día nos cautivó, es fundar el servicio en arena.
“Si no lo siento, es que algo anda mal. Necesito recuperar el fuego, y lo necesito YA”.
Es aquí cuando Israel, no toleró más la espera del silencio. Ante un Moisés que tardaba en llegar, deciden fabricar un becerro de oro queriendo estimular los sentidos: Ver y palpar a dios.
El becerro de oro es el Atajo Ministerial. Es intentar fabricar con nuestras manos (maquillaje, ruido, activismo, legalismo) lo que sólo puede venir de la presencia de Dios. Es el servidor que, ante la sequedad, decide llenar el vacío con “Estructura” para no tener que lidiar con su “Anemia”.
Entonces, al servidor de Dios le toca la tarea del camino que se ve largo y escarpado…
…sí, el camino largo en realidad es el camino corto.
Pero aquí está la verdad que solemos ignorar mientras estamos ocupados: la mayoría de nosotros hemos aprendido a construir catedrales sobre pantanos, llamándole ‘excelencia’ a lo que en realidad es solo ruido. Pero cuando la tormenta llega —y créeme, siempre llega— la estructura más bella se desmorona si no hay profundidad.
Entonces antes de avanzar, tengo que hacerte una pregunta incómoda:
Si hoy Dios te quitara el ‘ruido’ de tu servicio: el aplauso de la gente y la satisfacción de ‘hacer’… ¿qué quedaría de ti en el silencio?
Tu respuesta te dirá sobre qué está fundado tu servicio.