¿Arrastras o cargas tu cruz?
Cómo una Semana Santa me cambió
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¡¡Hermano querido!!
Durante mucho tiempo sentí un gran vacío.
Durante años, muchos años nunca pude experimentar el verdadero sentido de la Cuaresma.
Insistentemente anhelaba y le pedía al Señor que me permitiera conocer lo que Él vivió y experimentó desde el Jueves en la noche, en aquella Gran Cena, hasta el Viernes a las 3pm.
Es en esta sequedad, cuando en el 2007 llegó aquella Cuaresma. Una Cuaresma que me dejó marcado para siempre, con el deseo, el compromiso y la convicción de vivir lo mismo cada año.
Pero lamentablemente no fue así.
La Cuaresma y la Semana Santa, en cierto sentido, se volvieron tiempos de tradición y no de transformación.
Entendí que fue un tema más de ignorancia, que de una falta grave de mi parte.
Lo cierto es que luego de un largo tiempo de espera, finalmente, Dios me lo concedió.
Pasaron años. Sí… años….
…y en el 2025 Dios me permitió revivir el misterio de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, pero en esta ocasión con un sentido muy diferente.
La Cruz: Difícil de cargar, pero…
Ya presentía desde mediados de Cuaresma, que sería una cuaresma diferente…
El Señor tiene sus formas de hablarnos, sólo hay que observar y escuchar.
Pero observar y escuchar con el corazón de aquella viuda que esperaba por la justicia del juez injusto: paciente, insistente… perseverante.
Para mí fue una espera difícil… créeme.
Y es que todo aquello que es de valor cuesta. Lo que sea.
Pero, ¿qué sería diferente esta vez? o quizás la pregunta correcta sería: ¿qué YO haría diferente esta vez?
Comencé a notar que mis presentimientos se estaban haciendo realidad al participar en nuestro retiro Parroquial de Cuaresma.
El Padre Keiter, quien impartió el retiro ese año, hizo unas reflexiones sencillas pero muy profundas.
Lo más interesante fue que, aunque las palabras de P. Keiter eran dignas de meditar y reflexionar, el primer día fue algo insípido.
Durante la mañana siguiente, mientras estaba sentado en mi escritorio de trabajo me decía: “Fue interesante, pero siento como que quedaron muchas cosas flotando… ¿valdrá la pena ir esta noche?”.
Mirando en retrospectiva, era como si nos estuvieran probando… algo que suena controversial pero puramente bíblico:
“El oro y la plata, el fuego los prueba; los pensamientos los prueba el Señor” — Proverbios 17, 3
Me hizo recordar los pasajes en que Jesús hablaba en parábolas para filtrar a aquellos que tenían un deseo genuino de develar el misterio de sus palabras.
Esa “curiosidad” generaba anhelo de algo más… una insatisfacción santa que los llevaba a acercarse y a preguntar, que los llevaba a la puerta de una vida nueva en Cristo.
Eso sentí, sentado en mi escritorio aquella mañana, y con más curiosidad que convicción, quería ver qué pasaría el segundo día.
Pues ese segundo día fue maravilloso, algo que llegó profundamente…
“Prepararme para vivir (nuevamente en mi caso) los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo”.
Con este retiro, muchas piezas encajaron en mi mente y corazón.
Comencé a recordar cómo fue aquel año en que experimenté una cuaresma viva y eficaz.
En aquellos años, teníamos mucha precariedad económica, estaba viviendo lejos de mi esposa y de mis hijos, con un trabajo que era lo más parecido a cargar con una cruz de 130 libras camino a una colina. Estaba sólo y algo desorientado.
Recordé lo que hacía y los sentimientos que albergaba.
Muchos recuerdos para alguien con tan mala memoria como yo.
Al fin… esta era la llave perdida: Para vivir la Cuaresma, hay que padecer como padeció Cristo.
Me di cuenta de que tenía que abrazar y cargar con mi cruz, y también amarla, porque en esa cruz están la voluntad de Dios para mí, y mi Glorificación en este mundo y en el venidero.
Mi problema era ver las dificultades como una desgracia que por mala fortuna me tocó y sólo buscaba cómo salir de ella.
Eso es arrastrar tu cruz. Pasé mucho arrastrando la mía.
Me faltaba un ingrediente: vivir mi realidad como la vivió Cristo. No a latigazos, torturas y muerte, sino con el espíritu con el Cristo que la vivió.
Gracias a Dios, en ese 2025 toda esta verdad se consumó en mí cuando, por error, Damaris puso en la tele la Pasión de Cristo de Mel Gibson.
Viendo la crudeza de los padecimientos de Jesús, llegaron a mi mente olvidadiza todos los ingredientes necesarios para terminar de vivir esa Cuaresma eficazmente.
Recordé cómo en el 2007, por Gracia de Dios, abracé mi Cruz y la amé.
Me dediqué a la oración, a la lectura de la Palabra, y a lo que creo fue lo más importante: a servirle a Dios como Él quería que le sirviera, a pesar de todo.
Diferente a todos esos años de vacío, dejé de enfocarme en los problemas, y me enfoqué en la voluntad de Dios para mí.
Leía, oraba, lloraba y tocaba el piano. Un ciclo doloroso pero lleno de virtud.
Fueron días muy difíciles, pero a la vez increíblemente hermosos.
Quién espera a quién
Cómo comenzaron a cambiar las cosas no viene al caso, decirlo sería vanagloria…
…pero les diré que todo cambió para bien, aunque el Señor tenía más tareas para mí, es decir otras cruces que cargar, abrazar y amar.
Pero luego de ese tiempo de crecimiento espiritual y cercanía con el Señor, año tras año se fue diluyendo esta experiencia maravillosa y con ella la gran lección aprendida.
Con el tiempo, eso se convirtió en una serie de vacíos Cuaresmales: un desierto de desiertos…
…desiertos que cada vez eran más desalentadores, y que me hacían cuestionar sobre si realmente era el cristiano que Dios quería que fuera.
Tuve altas y bajas, con lecciones aprendidas a medias.
Recuerdo cómo el Señor me corregía duramente actitudes erróneas que habitaban en mí, pero con amor… sólo un Padre o una Madre puede corregir.
Y es aquí donde volvió en mí el deseo de vivir la Cuaresma, como aquella Cuaresma.
Era la prueba a los pensamientos de mi corazón.
El único problema fue que me costó años poder reunir la humildad y el coraje para poder disponer mi corazón para que ello se diera.
Ya no por Gracia, sino a voluntad y conciencia… una versión (un poquiiiiito) más parecida a la de Cristo.
Dios me enseñó lo que me hacía falta para vivir la Cuaresma más como Él la vivió.
No tengo palabras para describir cómo me sentí luego de esa vieja experiencia renovada.
Me quedó mucho trabajo por delante para no tener que esperar casi 20 años más para verdaderamente vivir cada año la Cuaresma… como una experiencia de transformación y renovación… cuan agradecido estoy de Dios por esa Cuaresma.
Todo esto se consumó en mi Servicio a Dios.
Quedó grabado en mí (ahora de una manera muy diferente y especial) que en el Servicio están las condiciones idóneas para aprender a cargar nuestra Cruz.
Entendí que en el Servicio a Dios están las variables perfectas para la tormenta perfecta… Pero eso es algo del que hablaré más adelante.
De mi parte, compliqué todo al creerme la gran cosa (aunque no lo externaba), cuando en realidad no lo era.
Y lo compliqué más con mi falta de interés en buscarlo a pesar de mis desiertos.
Mi mayor lección fue aprender a no confiar tanto en mis capacidades… en lo que YO puedo hacer… y en cambio a anhelar a Dios y buscar de Él, porque Él siempre está cerca:
“Pero el Señor espera para apiadarse de ustedes, aguanta para tenerles compasión porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en Él” — Isaías 30, 18
No era yo quien esperaba por el Señor, sino que era Él quien me esperaba.