Parte 3

Parte 3

Construyendo sobre la Roca

Si tu respuesta te pone a pensar o te asusta, te doy la bienvenida.

Déjame contarte algo… muy personal.

Hace muchos años descubrí la práctica de Lectio Divina por pura casualidad.

Había escuchado lo que era, pero nunca le puse atención.

No fue hasta que un día escuché que los Padres de la Iglesia la usaban como el instrumento principal de crecimiento espiritual. Eso fue suficiente.

Conseguí unos recursos de formación y empecé a hacer Lectio Divina diariamente.

Pues, un día, haciendo una práctica sobre una lectura específica, meditando en el texto, me dije: “hay que ser un tanto malvado para hacer eso”… entonces, una vez en mi interior, sin pensarlo, sin esperar nada, de repente, sentí que me dijo: “¿Recuerdas ‘tal cosa’ que haces? Pues eso es lo mismo que estás leyendo”.

No sé cómo describir el momento, pero fue como una punzada en el alma, en el corazón y en el ego, al mismo tiempo.

Me sentí muy mal por un instante, pero luego entendí lo que Dios quería hacer conmigo: Él quería sanarme, transformarme y restaurarme, hacerme una nueva criatura.

Y así fue. Desde ese momento, gané conciencia sobre ese punto en específico que tenía que mejorar, que tenía que erradicar. Y así fue con la ayuda de Dios.

A partir de ahí, fui descubriendo más cosas que Dios quería tocar y transformar: miedos, orgullos, llamados de servicio, píldoras de sabiduría y otras muchas cosas.

Todo por medio de la intimidad que pude desarrollar apartando tiempo para compartir con Dios y usando la Palabra como palanca.

Y aunque ya tenía más de 10 años en el servicio, fue a partir de ahí que verdaderamente mi servicio comenzó a fundarse sobre la roca.

Veamos qué dice Jesús sobre fundar sobre la Roca.

En el capítulo 7 del Evangelio según Mateo, en el versículo 24, Jesús dice:

“Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca.”

Para mí, lo que más me llamó la atención fue cuando dice: “…quien escucha estas palabras mías”.

Pero… ¿Cuáles palabras? Esa es la pregunta…

En realidad este es el cierre de un largo discurso de Jesús… El Sermón del Monte.

El cual comienza en el capítulo 5.

Son 3 capítulos completos del discurso del Maestro lleno de Palabras de vida, para llegar a su magistral conclusión.

Jesús sabía que toda la Ley se había malinterpretado, dejando la superficialidad como el factor común de los servidores de Dios y por qué no, de aquellos a quienes servía: el pueblo.

Los servidores de la época habían aprendido a manejar las apariencias tan bien que les era imposible detectar lo vacío que estaba su servicio.

Y es precisamente lo que me pasaba… un servicio desgastado y vacío, fundado en un alma desgastada y vacía.

No fue algo premeditado, fue algo que surgió lentamente en las sombras.

En el Sermón del Monte, Jesús habla de convertirnos en reflejos de Dios, habla de amor al prójimo, habla de que para esta nueva Ley se necesita un nuevo corazón y nueva mentalidad, no superficial sino profunda como el mar.

Habla del respeto a los demás, de qué significa vivir en la carne y no en el Espíritu, y habla de prácticas devocionales como la oración, el ayuno y la limosna.

Habla del chisme y la ética de la religión, y muchas otras cosas, y termina diciendo algo muy interesante: lo difícil que es seguir sus pasos.

Dos preguntas surgen aquí:

¿No había prescripciones parecidas anteriores a Jesús? Sí, claro.

Entonces, ¿cómo sabemos que no vamos a caer en lo mismo que cayeron los fariseos?

Estas preguntas no son para asustarse, pues ¿qué cosa que vale la pena y que sea digna de admirar no cuesta trabajo?

Jesús sabía de la importancia de ello, y nos da la clave en Mateo 7, 16: Por sus frutos los reconocerán… Un árbol sano da frutos buenos, un árbol enfermo da frutos malos… El árbol que no dé frutos buenos será cortado.

Y qué tal si te digo que fundar sobre la Roca no es el objetivo de todas las recomendaciones de Cristo en su discurso. En realidad es el beneficio del beneficio.

Es una recomendación y una advertencia final para aquel a quien no le quedó claro lo siguiente: el servidor será promovido, evaluado y juzgado solamente por los frutos de su servicio.

Seguir al Maestro no es fácil. De ahí que cuando se les da la opción de un trabajo fácil (fundar sobre arena) y un trabajo difícil (fundar sobre la roca) muchos servidores se ven tentados a escoger el camino fácil, obviando completamente las indicaciones del Maestro.

Excavar en la roca significa cambio, significa transformación, vida en el espíritu, amar como Dios ama, y una búsqueda continua de la santidad.

Para ello necesitamos herramientas bien afiladas, una intención auténtica y una búsqueda constante de la voluntad de Dios.

¿Sabes qué es lo más curioso de todo esto y qué la mayoría pasa por alto en este discurso?

Que Jesús no le habla a la multitud, Jesús les habla a aquellos que continuarían su legado… sus servidores.

A pesar de lo difícil que suena todo esto, tal y como dijimos más arriba, está implícito en la naturaleza difícil de la encomienda, que detrás del que logre llevar a cabo estas recomendaciones no quedará sin recompensa, ni aquí en la tierra, ni tampoco en el cielo.

Pero aquí hay un secreto que pocos servidores logran descifrar: nadie puede producir frutos eternos simplemente intentando ‘portarse bien’ o trabajando más duro.

Fue lo que Dios hizo conmigo en mis prácticas de Lectio Divina. Se paró a mi lado y me preguntó: “¿Quieres sanarte?”… su misericordia le dio vida a mi vida de servicio.

Hoy te lo está preguntando a ti.

La diferencia entre un árbol que da frutos y uno que es desechado y cortado no está en las ramas, sino en lo que sucede en la absoluta oscuridad de la tierra.

¿Cómo se ve ese proceso de transformación cuando nadie nos mira? ¿Cómo pasamos de ‘hacer cosas para Dios’ a convertirnos nosotros mismos en una ofrenda viva?